• Equipo Equidad Financiera

¿Por qué gasto tanto?

Vivir en medio de una cultura consumista, siendo mujer, es todo un reto. El mensaje de gastar más es ser más, casi se puede respirar. Es así que una parte de nuestra vida se vuelve plenamente material. Sin darnos cuenta nos vemos adoptando necesidades vanas, y gastando más dinero del que deberíamos. Pero… ¿Cuáles son las posibles razones que nos impulsan?


Pues bien, los motivos que hacen que gastemos más de lo necesario pueden ser diversos. En general, son una combinación de factores internos y externos a nuestra persona. De ahí la importancia de reconocerlos y, saber exactamente, en donde radican nuestras debilidades.


1. Eres influenciable


La publicidad se ha convertido en una herramienta infalible para arrastrar a las masas. Su práctica es tan efectiva que, tanto la política como la religión, se han refugiado en ella para divulgar sus ideas. Por así decirlo, las propagandas publicitarias existen para vendernos una vida ideal.


Por ejemplo, en mensajes publicitarios sobre aparatos de ejercicios aparecen mujeres de cuerpos atléticos y tonificados. Quizás al verlos te sientas tentada a comprarlos con solo pensar que lograrás el “cuerpo perfecto”. Si es tu caso, posiblemente seas víctima de la publicidad. Es hora de que te alejes de los spots publicitarios, o en su lugar aprendas a poner en duda cada producto que ofrecen.


2. Uso continuo de tarjetas de créditos o facilidades de pago


No hay duda de que las tarjetas de crédito son una de las mayores tentaciones que nos impulsan a gastar. Nos hacen creer que todo está a nuestro alcance, y crean una sensación instantánea de poder. Sin embargo, al utilizar las tarjetas de créditos gastamos dinero que no tenemos, para más tarde reponerlo en un monto superior.

Algo parecido ocurre con las compras a plazo o por cuotas. En donde nos ofrecen la oportunidad de pagar una pequeña suma cada mes. Lo cierto es que, cuando pagamos por cuotas o con tarjetas de créditos, sin darnos cuenta terminamos pagando hasta tres veces el valor del producto.


3. Escasa educación financiera


Conocer de finanzas es tan importante como saber matemáticas o de geografía. Aprender a gestionar nuestros ingresos, tener una disciplina de ahorro y aprender de inversión, es imprescindible. Sin embargo, por desgracia el conocimiento financiero no se adquiere en la escuela.


Aprender educación financiera queda a cargo de nosotras mismas. Al no hacerlo corremos el riesgo de tomar malas decisiones o de tener que ceder el control de nuestro dinero y futuro a terceros posiblemente menos juiciosos. Si es tu caso, es hora de que comiences a cultivarte. Al hacerlo verás cómo lograrás gastar menos y a la par vivirás mejor.


4. Obsesión por modas y tendencias


Las mujeres por lo general somos grandes seguidoras de las tendencias. La necesidad de sentirnos admiradas y no quedarnos fuera de moda, hacen que dediquemos gran parte de nuestros recursos en vernos más bellas. Querer lucir atractiva no es un pecado. El problema surge cuando convertimos la moda en el eje central de nuestra vida. Entonces “vivir al límite” también se convierte en una tendencia, pero de forma permanente.


5. Gastos hormiga


¿Prestas poca atención a los pequeños gastos? entonces es hora de cambiar de actitud. Los gastos hormiga son gastos tan nocivos como cualquier gasto innecesario. Lo peor de todo es que al no llevar su control se incrementan de forma invisible, y sin notarlo, llegan a tocar cifras representativas. Ya es momento de que analices los cafés, las chunches, los refrescos y otros pequeños gastos que haces en el día. Es probable que al totalizarlos de forma mensual notes que están drenando tu economía.


6. Pink Tax o Impuesto rosa


Si eres de las que prefieres comprar la versión femenina de cada producto que consumes, es posible que el pink tax esté acabando con tus fondos. El impuesto rosa no es más que el impuesto que las compañías ponen a productos y servicios diseñados para mujeres. Es así como los desodorantes, rasuradoras, jabones, cremas de afeitar y otra infinidad de productos para damas, alcanzan precios muy por encima de los destinados a caballeros.


Es preciso que antes de comprarte algo no pierdas de vista el pink tax. Realiza comparativas de precios y cerciórate de que lo que deseas comprar no ha sido multado con el impuesto rosa. Busca alternativas, y si es preciso, usa la versión masculina. Será mejor que gastar más tan solo por llevar a casa algo que contenga en la etiqueta la indicación “for woman”.


7. No sabes diferenciar entre un antojo y una necesidad


Cuando no sabemos establecer la diferencia entre una necesidad y un lujo corremos el riesgo de realizar gastos innecesarios. Para asegurarte de que lo que deseas comprar está debidamente justificado, solo basta con que te hagas la pregunta: ¿Qué pasará si no lo hago? Si la respuesta es indiferente, ten plena seguridad de que no intentas cubrir una necesidad. En su lugar, tratas de satisfacer un capricho.



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