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No se nace mujer, se llega a serlo

Ser mujer es una gran virtud, de esas que van más allá de la divinidad femenina o del gusto por usar tacones altos. Es la convicción de saberse útil, de saber que nada es imposible y que todo estará bien. De levantarse cada día con la plena convicción de que somos más que compañeras, más que esposas, más que madres, más que amigas, más que hijas y a veces hasta más que brujas. Es la lucha infinita por convertirnos en nuestra mejor versión, por nosotras y para nosotras. Una mezcla perfecta entre sensibilidad y fortaleza, que nos aleja de la falsa creencia de representar al “sexo débil”, hacia la conquista del ser excepcional.


No quiero que terminen estos días sin hablar de Simone de Beauvoir quien fuera de esas mujeres que se encargó de exponer la virtud de saberse mujer. Fue precursora del feminismo, y su legado trascendió fronteras. Gracias a su rebeldía, y a la rebeldía de mujeres como ella, hoy mal que bien podemos disfrutar de derechos que para ese entonces solo parecían utopías.


¿Quién fue Simone de Beauvoir?


Un 9 de enero del año 1908 abrió sus ojos a la vida la escritora y filósofa Simone Ernestine Lucie Marie Bertrand de Beauvoir. Nació en un piso familiar ubicado en el bulevar Raspail de París, en el seno de una familia burguesa y muy cristiana. Desde muy niña Simone demostró su descontento con la religión. Así fue que, en plena adolescencia, y convencida de que Dios era utilizado como un instrumento de sometimiento, la chica abandonó su fe cristiana. Actitud que no fue bien recibida por su madre, quien poseía una moral cristiana muy estricta.


Los primeros años de vida de Simone transcurrieron en un ambiente acomodado, pero malas decisiones financieras cambiaron el estatus del hogar. La familia cayó en la ruina, y con solo 11 años Simone conoció la penuria de tener que mudarse a un quinto piso en condiciones inferiores a las de su antigua residencia señorial. Allí no poseían ascensor, ni electricidad. Sin embargo, para cuidar la imagen social, tanto Simone como su hermana, siguieron siendo educadas bajo un régimen elitista y privado.


La infancia de Simone estuvo marcada por el hecho de haber nacido mujer. En más de una ocasión su padre le confesó cuánto deseaba un hijo hombre, y ante las muestras de agudeza mental de la pequeña su progenitor demostraba su asombro con la frase “Tienes un cerebro de hombre”. Actitud que hacían sentir a la pequeña la "cruda inferioridad del sexo femenino".


A sus quince años Simone ya tenía claro que sería escritora. Así que luego de su formación como bachiller (1925) decidió reforzar sus conocimientos literarios en el Instituto Sainte-Marie de Neuilly. En su primer año como universitaria obtuvo los certificados de matemáticas, literatura y latín. Para el año 1926 comienza sus estudios de filosofía, obteniendo su certificación en 1927. Finalmente, Simone concluye sus estudios universitarios en 1929, licenciándose en letras y filosofía, además de obtener las certificaciones de ética y psicología.


El legado de Beauvoir


Sin duda alguna Simone de Beauvoir fue de aquellas que supo cómo revindicar la imagen de la mujer en medio de una sociedad sumamente machista. Su obra literaria y su propia vida le sirvieron para romper con muchas de aquellas ataduras. Fue así que se negó a legitimar el amor a través del matrimonio, decidió vivir plenamente su sexualidad y se opuso a que la maternidad fuera vista como una condición obligatoria de la feminidad. Según sus propias palabras “El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente"


A través de su libro El Segundo Sexo, Simone expone su inconformidad con aquellas sociedades partidarias del patriarcado. La autoridad masculina en casi todos los campos impedía a la mujer desarrollar sus potenciales y, por tanto, era eminente que cada fémina tomara conciencia de la necesidad de exigir sus derechos, así como reclamar su igualdad con respecto a los hombres. En dicha obra destaca su frase, “No se nace mujer, se llega a serlo”


La prohibición del aborto fue uno de los temas sobre los que Beauvoir manifestó su descontento. Junto a la abogada Halimi fundó el movimiento Choisir, fungió como redactora del Manifiesto de las 343. Un documento firmado por 343 figuras femeninas de la sociedad francesa, en el cual confesaban haberse practicado un aborto en algún momento de su vida. El objetivo era llamar la atención y exigir el derecho al aborto libre, así como el acceso a anticonceptivos. Aquel acto fue determinante en la legalización del aborto en Francia. En su momento Simone manifestó: “El aborto es parte integral de la evolución en la naturaleza y la historia humana. Esto no es un argumento ni a favor o en contra, sino un hecho innegable”


Su actitud, más allá de sus palabras


La propia vida sentimental de Beauvoir sirvió de referente a sus convicciones feministas. Sus amores con Jean Paul Sartre fueron atípicos a las costumbres de aquella época. Aunque su relación perduró hasta la muerte, su relación estuvo libre de prejuicios y ataduras. Nunca se casaron, ni vivieron bajo el mismo techo. Su relación era francamente abierta, muy lejos de los cánones establecidos por la sociedad.


Simone fundó junto a otras féminas la Liga de los Derechos de la Mujer. Con ésta se pretendía hacer trascender sus ideas feministas hasta hacerlas realidad, así como estimular el rechazo a cualquier discriminación sexista. La mujer debía ser la propia responsable de elegir su destino, y estaba en todo su derecho elegir una vida digna, ajena de toda imposición de la sociedad.


En una entrevista realizada en 1976 a Beauvoir, el activista español Fernando Gerassi le preguntó: “¿Piensa que los cambios por los cuales está luchando se realizarán?” a lo que la escritora respondió: “No sé. De cualquier forma, no durante mi vida. Tal vez en cuatro generaciones. No sé respecto a la revolución. Pero los cambios por los cuales las mujeres están luchando, esos sí tengo certeza de que a largo plazo, las mujeres vencerán”.


Simone de Beauvoir falleció el 14 abril de 1986 a causa de una neumonía. Sus restos fueron enterrados en el cementerio de Montparnasse, en París, junto a su inseparable amor Jean Paul Sartre. Sus principios feministas hicieron que su nombre se convirtiera en el Premio Simone de Beauvoir, reconocimiento otorgado a quienes destacan por la defensa de los derechos de la mujer, así como al enfrentamiento a la discriminación de género.




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