• Equipo Equidad Financiera

¿Cómo puedo vivir más simple y con mayor propósito?

El nuevo coronavirus no llegó solamente para poner el mundo patas arriba. También nos obligó a replantearnos nuestra forma de vida, y más de una de nosotras terminó sacando algunos aprendizajes de esta difícil etapa del confinamiento.


Durante el aislamiento no tuvimos que gastar en actividades adicionales. No fue una “necesidad” cumplir con la cuota de la membresía del gimnasio, comprarnos otra cartera o par de zapatos para aquella fiesta que desapareció del calendario. Tampoco tuvimos que pagar por las clases de baile de la niña o por las lecciones de béisbol del niño. Se puso de moda vivir más simple, y todas tuvimos que seguir la tendencia.


Antes de la pandemia achacábamos no poder tomar en serio nuestras finanzas a la falta de tiempo y los múltiples compromisos que habíamos adquirido. Vivíamos tan ocupadas que terminábamos tirando la toalla. Hoy el escenario es otro, y la necesaria estadía en la casa lo hizo más fácil. Ante la incertidumbre del momento y las desalentadoras noticias de la economía, era difícil quedarse de brazos cruzados en temas de finanzas.


La mayoría recurrimos al papel y al lápiz para sacar cuentas. Resulta que la pandemia nos obligó a pensar en el hoy, pero también nos obligó a pensar en el mañana. Debíamos aprender a vivir de manera digna, pero de la forma más discreta, más simple, para así asegurarnos un mejor futuro. Por otro lado, nos dimos cuenta que necesitábamos pocas cosas, pero lo que en realidad necesitábamos es irremplazable.


También esta crisis nos enseñó a generar estrategias que nos ayuden a mitigar los riesgos. Descubrimos que a través de los productos financieros que hoy existen y que a veces despreciamos como pueden llegar a ser los seguros, podemos reducir las posibilidades de tener pérdidas irreparables. En términos simples esta cuarentena aplicamos aquello de “mejor prevenir que lamentar” en absolutamente todo lo que hicimos.


Por otra parte, la ausencia de algunos de nuestros productos preferidos en las tiendas nos hizo apostar por otros que, dado el momento, debían ser más económicos o que incluso tuvimos que reemplazar por completo. El resultado fue inmediato, pues con las limitaciones descubrimos cuánto podíamos ahorrarnos.


Replanteándonos nuestras necesidades


Es cierto que salir a comer afuera, ir al antro de moda, estrenar un par de zapatos o ir a un gimnasio, nos puede hacer sentir que somos especiales. Sin embargo, si cuestionáramos su valor en términos de “la felicidad, utilidad y seguridad que nos aportan”, entonces nos damos cuenta de que esos gastos sólo sirven para mantenernos asfixiadas financieramente. Tal vez en la pandemia nos dimos cuenta que invertir en nuestra educación en temas digitales, aprender a cultivar plantas y cuidar nuestra salud son objetivos más deseables. También es probable que nuestros anhelos en términos sociales y emocionales sean ahora diferentes. Pero sobre todo, creo que la pandemia expuso todos los puntos débiles que el día de hoy refleja nuestro estilo de vida.


Después de estos días de encierro creo que estás en las mejores condiciones para replantearte tus verdaderas necesidades. ¿Qué extrañaste y no extrañaste durante este tiempo? ¿Cómo te sientes en la ausencia de esos compromisos? ¿Qué personas te acompañaron y cuáles no? ¿Qué tan plena y feliz te sientes con tus hábitos actuales? ¿Que tan segura te sientes en tu vida actual y qué tan segura te sentirías en el futuro si mantienes este estilo de vida?


Cuando vayas a responder cada una de esas preguntas hazlo francamente. No lo hagas en piloto automático, sino desde el punto de vista práctico de tu vida. Es posible que antes de la pandemia vivieras muy atareada para tener tiempo de reflexionar, pero ahora quietecita en casa puedes sacar tus verdaderas conclusiones.


Desde mi propia experiencia corrí con la suerte de tomar decisiones importantes antes de que llegara la crisis. En 2018 decidí cortar definitivamente las deudas importantes que tenía y durante el año pasado me negué a realizar cualquier gasto que no fuera absolutamente necesario en tiendas departamentales, y eso me permitió hoy estar mucho más tranquila respecto a la crisis financiera pues aumenté significativamente los ahorros en mi fondo de emergencia a la vez que me di cuenta de que se necesita realmente poco para vivir a plenitud. Sea coincidencia o no, siento que ha sido uno de los mayores aciertos de mi vida.


La proactividad como protagonista


Durante esta crisis también tuvimos que ser más dinámicas. Algunas buscamos soluciones para mantener nuestros ingresos desde casa, mientras otras fuimos más allá e intentamos encontrar fuentes de ingresos extras. Estuvimos más conscientes de nuestras decisiones, por lo que la otra gran lección de la pandemia fue justamente la proactividad.


Es un hecho que todas dejamos ya menos las cosas al destino, y decidimos mejor tomar elecciones. Es probable que durante el confinamiento a más de una se le ocurriera una idea de emprendimiento. También es posible que sintiéramos la necesidad de cuidar bien de nuestra salud, amarnos más y mejor, aprendiéramos algo nuevo vía online o finalmente decidiéramos hacer ejercicios después de varios años. ¡Todo menos quedarnos estáticas!


La realidad es que cuando logramos tener claridad en nuestras elecciones, y somos conscientes de cómo éstas afectan nuestra vida, las decisiones son mucho más fáciles de tomar. Es por eso que en esta etapa prestamos más importancia a preocuparnos en hablar con un ser querido, o en meditar que en actualizar nuestro guardarropa completo ¿no lo crees así?




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